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Link: http://www.clarin.com/diario/2008/05/26/conexiones/t-01678716.htm
Lunes 26 de mayo de 2008
Huesos de cristal
Afecta a 1
de cada 20 mil personas en todo el mundo y quienes la padecen
están expuestos a continuas fracturas. Juan Ignacio Peresón
tiene 16 años y cuenta en su blog cómo es vivir
con la enfermedad.
Por:
Mariana Nisebe. De la Redacción de Clarín.com

"Según
los médicos no había mucho que hacer, sólo
cuidarlo porque era un chico con huesos de cristal. Estuvo 6 meses
en un moisés todo recubierto de algodón por miedo
a que se fracture, con el simple hecho de levantar un bracito
ya se fracturaba". A los 8 meses de embarazo a Silvia De
Bórtoli le informaron que su bebé "tenía
un problema en los huesos, pero no sabían exactamente el
diagnóstico". Para cuando Juan Ignacio Pereson nació,
hace 16 años, los médicos supieron que se trataba
de Osteogénesis Imperfecta (OI), un trastorno genético
que afecta la producción de colágeno, indispensable
para proporcionar elasticidad a los huesos, y que sufre 1 de cada
20 mil personas en el mundo.
La OI puede
ser leve o severa, según los tipos que van desde I hasta
IV, e incluso los síntomas son diferentes en cada persona.
Se puede tener apenas algunas fracturas o alcanzar cientos de
ellas en toda la vida. Juan Ignacio tiene OI tipo II, el más
severo. "Lo llevamos a Córdoba, al Hospital Garrahan
y en todos lados nos decían que no había nada que
hacer, sólo cuidarlo", cuenta Silvia, mamá
también de otros tres chicos, a Clarín.com. "A
mí me costó muchísimo, sobre todo al no tener
información, no había casos iguales", explica.
Su marido fue el sostén, ella lo describe como "más
fuerte y decidido". "No había ningún tratamiento
ni remedios. Le hacíamos los controles rutinarios y todo
salía bien", relata.
En primera
persona . Juan Ignacio escribe su propio blog, "Yo soy Juani",
donde narra su experiencia. "Comencé mi estimulación
temprana a los 2 años (en una escuela especial a 40 Km).
Llegué en un moisés, porque todavía no lograba
sentarme solito. Yo asistía dos veces a la semana. Siempre
con la presencia de mis padres, quienes, cuando llegaban a casa,
continuaban con la clase". Luego "lo integraron a la
escuela común del pueblo porque en la especial nos dijeron
que ya no tenían nada que hacer porque la inteligencia
de Juani era normal. Por supuesto mis miedos y mi ansiedad siempre
estaban", recuerda Silvia.
Juani, o el
K-po, tal como firma sus mails, le cuenta a Clarín.com
que es medio haragán, pero que le gustaría seguir
estudiando; que está en 4º años del secundario
y que es un adicto al deporte y, sobre todo, al fútbol;
que lo enloquece el periodismo deportivo, pero que sus padres
le sugirieron que pensara en otra carrera porque debería
trasladarse a Santa Fe para cursarla. "En el cole maso, por
suerte me salvo de escribir porque estoy fracturado del brazo
izquierdo", se ríe. "Lo más lindo son
mis hermanos, con quienes me peleo, divierto, juego y también
me golpeo", agrega. ¿La noche? "Con la joda me
llevo bien, no me pierdo una, el viernes pasado fui a un cumple
de 15 y me quede hasta las 5", asegura.
Silvia explica
que hace dos años "tuvo más o menos 5 o 6 fracturas
en menos de un mes y lo llevamos al Hospital Garrahan. El año
pasado lo operaron de tibia, le realizaron el enclavijado con
clavos telescopados (en forma de telescopio que se estiran mientras
el menor crece) , empezó con el Pamidronato (son fármacos
que se acumulan en el hueso y lo hacen más resistente )
y con mucha rehabilitación". Con eso consiguieron
que empezara a independizarse un poco más. "Por ejemplo
para cortarse la carne, lavarse los dientes, vestirse con muy
poca ayuda nuestra".
Mientras explica
que todos los meses deben viajar a Buenos Aires, la madre sostiene
que hoy le aconsejan lo contrario a hace unos años: "No
debe estar mucho tiempo enyesado, ni tampoco inmóvil porque
eso debilita al hueso. También tiene escoliosis que pensamos
irá a operación. En traumatología tenemos
que operarlo de fémur, y luego de los brazos para ponerle
clavos, así le sirve de sostén y no se fractura
tanto".
No existe
aún una cura para la OI , sin embargo, hay terapias específicas
que pueden reducir el dolor y las complicaciones asociadas con
la enfermedad. " El diseño de nuevos clavos telescópicos
abre un nuevo horizonte para mejorar la calidad de vida de personas
con OI. A medida que entendamos mejor las causas de la enfermedad,
podremos diseñar nuevas estrategias para su tratamiento.
Esta historia recién comienza", destaca un trabajo
publicado por la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).
En ocasiones,
el gen defectuoso se hereda de uno de los padres (herencia genética
dominante), en otras se debe a una mutación, un cambio
genético aleatorio, como en el caso de Juan Ignacio. Es
evidente que "no todo en la vida con OI queda reducido a
fracturas, el más dolorosos de los aspectos de la enfermedad",
como explican los papás de Lucía Belitzky (Códoba),
quien también tiene OI, en su página. El humor,
el afecto, la fuerza y las esperanzas son grandes movilizadotes
"hacia adelante". "Para nosotros -concluye Silvia
De Bórtoli- es un orgullo tener un hijo como él.
Muchas veces estoy un poco caída y es él quien me
levanta el espíritu, me da ánimo. Es súper
cariñoso y muy educado. Si lo llevas al baño te
pide disculpas por la molestia, te agradece por todo, tiene unas
carcajadas que son contagiosas. Es un sol". Así es
Juan Ignacio, Juani o el K-Po. Tiene OI, pero también es
buen amigo, alegre, divertido, fanático de River, estudioso,
simpático. "Es un ejemplo de vida", afirma orgullosa
su mamá.




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